Franz Listz

El pianista técnicamente más avanzado de su época
Romanticismo
Listz (1811-1886)
  • Rapsodias Húngaras
  • Sonata en Si menor
  • Años de peregrinaje
  • Liebesträume
Retrato de Franz Listz
Se dice que Listz fue al piano, gracias a su técnica y virtuosismo lo que Paganini al violín. Su puesta en escena y calidad interpretativa equivaldría a la de una gran estrella del Pop de hoy

Franz Listz (1811-1886) fue un afamado compositor del Romanticismo del XIX. Austro-húngaro de nacimiento, su formación cultural se alimentó de las influencias alemana y francesa de su siglo.

También conocido como el pianista técnicamente más avanzado de su época y probablemente uno de los más grandes de todos los tiempos, Listz (en húngaro Listz Ferencz) recorrió y se hizo famoso por toda Europa habiendo dejado un legado vivo en las salas de conciertos a día de hoy.

Su estilo musical, recurso a escalas de notas interminables y técnica depurada tuvo importantes influencias sobre sus contemporáneos y ha sido la fuente de inspiración de muchos destacables compositores posteriores. Su impacto en la música clásica incluso originó algunas tendencias del siglo XX.

Su repertorio musical contiene una extensa y variada cantidad de obras para piano (rapsodias, estudios, transcripciones, etc.), y también una extensa producción orquestal. Algunas de sus contribuciones más notables fueron su Sonata para piano en Si menor, sus veinte Rapsodias Húngaras, Años de Pereginaje, Consolaciones y su Sinfonía Fausto.

Infancia

El pequeño Franz, nacido en Hungría en 1811 ciertamente fue un niño prodigio. Y de casta le vino al galgo. Su padre Adam, maestro del violonchelo y aficionado del violín, piano y órgano, fue uno de los músicos protegidos por la familia de mecenas Esterházy baja la privilegiada batuta del mismo Joseph Haydn.

Su hijo Franz demostró tal habilidad durante sus primeros años de aprendizaje que su padre, Adam, renunció a su estable posición en la casa Esterházy para educar y enseñar a su hijo el piano. Y lo hizo de forma estricta, obligando al niño a practicar con un metrónomo, lo que le valió aprender a manejar con soltura el tempo.

Después de observar su capacidad para leer y memorizar una partitura con soltura, Adam se dedicó a acompañar a su infante de gira pianística por toda Europa.

Tan considerado fue el niño prodigio que, en 1820, a los nueve años, un grupo de magnates húngaros se ofrecieron a financiar sus estudios. Gracias a esto, los Liszt se mudaron a Viena (Austria), donde Franz recibió clases de dos grandísimos maestros.

Por una parte fue alumno del mejor profesor de piano de la época, Carl Czerny (1791-1857) que fue a su vez alumno de Beethoven. Y de la otra, de Antonio Salieri (rival de Mozart). Tras solo dos años en Viena, sus primeras presentaciones públicas fueron hasta tal punto maravillosas que el niño Franz llamó la atención del mismísimo Ludwig Van Beethoven.

Y pronto también, el joven Franz dedicó muchas horas cada día a enseñar música y piano a niños más jóvenes que él. Y otras tantas a perfeccionar su técnica al teclado.

Sobre 1823, Listz llega a Paris con su padre donde pasaría una temporada y donde trabó amistad con George Sand, pareja de Chopin y con Berlioz, entre otros.

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Muerte de su padre y gira europea (1835-1847)

Allá sobre 1826, Franz, con 15 años, pierde a su padre que contrajo el tifus. Esta pérdida terminó de modelar su carácter, siempre insatisfecho en lo musical y lo sentimental-amoroso, desplegando su virtuosismo pianístico por las salas de concierto de varios países europeos dando cientos de recitales durante los siguientes 16 años, sin pausa.

Su depurada, novedosa y dificilísima técnica embelesó a los músicos y oyentes de sus giras que creían que su ejecución era imposible por sobrehumana y que se ayudaba de algún artilugio en sus dedos para tocar sus fulgurantes escalas cromáticas al piano.

Durante estos peregrinajes europeos dando recitales a diestro y siniestro (Francia, Italia, Suiza, Austria, Alemania, Rep. Checa, o Rusia), además colaboró en la difusión de piezas musicales de muchos músicos que, de otra manera no se hubieran conocido por el público de entonces. Entre ellos, tocó piezas de su amigo Chopin, lieder de Schubert y obras para órgano de Bach. E hizo interesantes arreglos para piano de las Sinfonías de Berlioz o Beethoven. O la música de su amigo Wagner.

Recital en España y Portugal

Además, el pianista dio numerosos recitales en España y Portugal entre octubre de 1844 y abril de 1845.

Comenzó con 9 recitales por Madrid donde conoció a la reina Isabel II (recibió de ella la Cruz Supernumeraria de Carlos III y un alfiler de brillantes) por sus nueve actuaciones públicas. Le siguieron Córdoba, Almería, Sevilla, Lisboa (conoce a la reina María II de Portugal), Gibraltar, Málaga, Valencia (3 conciertos en el Teatro Principal).

Terminó su gira en Barcelona, donde dio 6 conciertos entre la Sociedad Filarmónica y el Teatro Nuevo.

Carolyne zu Sayn-Wittgenstein

En lo sentimental, la capacidad y erudición musical del pianista conquistó a varias damas de la alta sociedad europea a las que rompió el corazón a lo largo de aquellos años.

Con una de ellas, la escritora polaca y princesa, Carolyne zu Sayn-Wittgenstein, casada, llegó a mantener una relación que se inició en 1847 y que duraría 40 años. Ella, nada más conocerle intentó a toda costa invalidar su matrimonio sin éxito. Franz tuvo con ella hijos pero no casamiento. Carolyne fue quien convenció al pianista para que abandonara su azarosa vida de estrella musical y se dedicara a la composición.

Retirada a Weimar (1848-1861)

Cansado de tanto periplo, un Franz de 37 años, abandona el circuito europeo de virtuosos en 1848 para establecerse en Weimar, donde consigue el puesto de director musical de la corte.

Es al frente de la orquesta de Weimar donde comienza a cultivar su afán por la dirección de orquesta y la composición para esta formación musical. Y su fruto es la creación del "poema sinfónico", es decir, música orquestal sin voces basada en el arte o la literatura que trata de representar una historia a través de la música. Tras sus pasos siguieron las composiciones de Smetana, Saint-Saëns, César Franck o Richard Strauss (fuente).

Sin embargo, en 1858 dimitió de esta posición, y llevado por su fe y compromiso religioso, llegó a recibir las órdenes religiosas menores, pasando a presentarse como Abate Listz. Aunque esta fiebre sólo le duraría un par de años.

Durante sus 13 años en Weimar, el maduro compositor dio a conocer las obras sinfónicas de Schumann o su amigo Berlioz, al tiempo que introdujo a los grandes maestros de la ópera italiana como Verdi o Donizetti.

Muerte exhausto

Tras la estancia alemana, entre 1862 y 1886, el compositor se dedicó de nuevo a dar giras, componer. Después de 1871 vivió entre Roma, Weimar y Budapest donde continuó como director, maestro y compositor.

Y supo llevar su calidad músical por derroteros que la crítica asegura que nadie, salvo Beethoven (y tal vez Bach), antes, habían logrado. Al menos hasta la llegada de Debussy y del dodecafonismo de Schoenberg.

Tras finalizar una última gira a los 75 años falleció un 1 de agosto de 1886. Está enterrado en el Town Cemetery de la musical Bayreuth (Alemania). Su pareja de más de 40 años, la noble Carolyne zu Sayn-Wittgenstein, quedó tan devastada que fallecería unos meses después.

Retrato de Franz Listz a mediana edad

Retrato de Franz Listz a mediana edad

Obras maestras de Listz

Como hemos visto, el repertorio musical del compositor húngaro gira en su primera época en torno al piano y los arreglos para piano de obras de otros compositores. Se tiene constancia de cerca de un millar de obras para piano entre partituras originales y transcripciones para piano de música orquestal ya publicada.

Y en su segunda y extensa época de Weimar, en torno a la música orquestal y de más amplio formato.

Todas sus obras fueron catalogadas en el siglo XX por el músico y compositor inglés Humphrey Searle (1915-1982) quien tuvo como grandes influencias en su estilo al propio Listz, junto con Schoenberg y Anton Webern (durante una temporada su maestro).

Sin embargo, este primer trabajo fue posteriormente retocado por Michael Short y Leslie Howard.

Por esta razón, las obras del húngaro llevan la S (primera inicial de Searle) junto con el número que este dio a la obra en su catálogo de obras de Listz.

Obras para piano

Las grandes obras de Listz para piano son:

  • Rapsodias húngaras: se trata de 20 piezas musicales, algunas de las cuales muy pegadizas como la número 2 y la 6 que te aconsejo escuchar.
  • Estudios trascendentales (1851): se trata de piezas, de las cuales la número 3, La Campanella, es una obra maestra. Algunos son particularmente difíciles. Tanto que Robert Schumann declaró que solo unos pocos pianistas en todo el mundo podrían tocarlos.
  • Años de Peregrinaje: se trata de 26 piezas para piano divididas en 3 libros dedicados a los monumentos y fenómenos naturales que Listz visitó en sus viajes a Suiza (Libro I) e Italia (Libros II y III). No dejes de escuchar "Las fuentes de Villa Este" de su Libro III y la "Sonata Dante" del Libro II.
  • Consolaciones.

Y dignos de reseñar son sus tres íntimos nocturnos para piano Liebesträume: 3 notturni ("Sueño de amor"), que son fáciles para el oído y muy difíciles de olvidar.

Obras orquestales

En cuanto a las piezas musicales de gran formato, destacamos:

  • 2 Conciertos para piano y orquesta (1849).
  • Sinfonía Fausto (1854-1857). Una obra maestra
  • Sinfonía Dante.

Franz Listz

  • Rapsodias Húngaras
  • Sonata en Si menor
  • Años de peregrinaje
  • Liebesträume

Curiosidades

Listz fue el primer concertista que se atrevió a dar recitales y conciertos sin más compañía que su piano. Frente a los anteriores compositores que solían recurrir a una orquesta para acompañarles, el pianista dio cientos de interpretaciones solo ante su público.

Se dice que eran tales la fuerza e intensidad con la que interpretaba que en más de una ocasión llegó a romper varias cuerdas de su piano. Su gestualidad y expresión facial al piano impresionaban mucho a la audiencia. Y también a los críticos musicales, hasta el punto de que la prensa de su época llegó a hacer cierta mofa de las mismas.

Le gustará (por supuesto que sí) o no, el joven erudito se convirtió en una estrella mediática europea en la medida en que la información y la crítica musical se podían expandir entonces. Se puede afirmar que su fama le precedía allá donde daba uno de sus recitales.

Cuando Liszt vio tocar al violinista romántico Niccolò Paganini en 1832, quedó obnubilado por su virtuosismo. Fue entonces cuando se propuso, a base de horas y horas de práctica al teclado, convertirse en el Paganini del piano ante la crítica. Y lo consiguió.

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