El último álbum de la cantante Rosalía se llama "Lux" (luz). Se lanzó el pasado 27 de octubre de 2025 y con él el rompedor sencillo titulado Berghain en colaboración con la islandesa Björk y el productor estadounidense de música electrónica experimental, Yves Tumor.
La innovadora propuesta contiene 18 pistas grabadas con la London Symphony Orchestra bajo la batuta del compositor y director de orquesta islandés, Daníel Bjarnason (n. 1979).
Su primer single, Berghain han vuelto a dirigir la conversación musical mundial. Como ya es habitual en la artista, el tema mezcla electrónica, ritmos urbanos y una producción afilada, todo ello bajo una pátina de espiritualidad inspirada en el misticismo.
Esta propuesta, como sería de esperar, divide opiniones… pero no deja indiferente a nadie.
En este post te cuento lo mejor y lo peor del single, y sobre todo cómo conecta —sí, conecta— con ideas, procedimientos y sensibilidades de la música clásica.
Berghain es un laboratorio sonoro digno de cualquier compositor vanguardista
Y lo es por varias razones que aquí te cuento.
1. Su estructura no es nada convencional
Aunque Berghain es ostensiblemente un tema pop-electrónico, su forma es sorprendentemente poco tradicional y, por ende, no esperada.
El tema no sigue la típica lógica “estrofa–estribillo–puente”, sino que se construye como un crescendo emocional y rítmico al que da muchísima fuerza la puesta en escena del vídeo musical que la acompaña. Y el recurso al alemán (Seine Angst ist meine Angst), español e inglés.
Este tipo de diseño recuerda a autores como el húngaro György Ligeti (1923-2006), con estructuras en oleadas sonoras o al norteamericaco Steve Reich (n. 1936) pionero del minimalismo. Ambos trabajan desde la repetición hacia la transformación.
También recuerda la idea de “masa sonora” propia del griego Iannis Xenakis (1922-2001), pionero de la música electrónica y creador de la música estocástica, donde importa más la textura que la melodía.
Rosalía aquí juega con la arquitectura musical, algo poco habitual en el pop comercial, pero muy cercano a la tradición experimental clásica del siglo XX.
2. Uso del ritmo como protagonista: pulsación casi “stravinskiana”
En Berghain manda el ritmo sobre la melodía: una tendencia compartida con gran parte de la música contemporánea… y con no pocos compositores clásicos.
Las síncopas, desplazamientos acentuales y la insistencia percusiva recuerdan al Stravinsky de "La consagración de la primavera", donde el ritmo es un motor casi tribal.
3. El tratamiento de la voz: virtuosismo desde la producción
A lo largo del tema, la voz de Rosalía aparece fragmentada, susurrada, distorsionada. Es casi un instrumento más, como hacía Luciano Berio (1925-2003) en su célebre Sequenza III, donde la voz femenina explora identidades sonoras, no solo melodías.
Este enfoque, en el que lo vocal se desliga del simple canto, tiene raíces profundas en la vanguardia vocal clásica. En Berghain, Rosalía lo actualiza dentro del contexto electrónico.
Lo mejorable de Berghain
Qué duda cabe que una apuesta tan fuera de lo comercial tiene sus riesgos. El nuevo disco de la cantante española, a mi modo de ver, tiene algunas fisuras sobre todo por intentar medirse con lo mejor de la música clásica.
1. La falta de desarrollo melódico puede dejar frío a quien busque “música-música”
A diferencia de las obras maestras clásicas donde la repetición sirve para desarrollar un material (como en Philip Glass), aquí la repetición es más estética que discursiva.
En algunos momentos puede percibirse falta de evolución temática, lo que para un oído clásico —acostumbrado a motivos, variaciones y diálogo entre secciones— resulta algo pobre.
2. Una producción tan conceptual que exige esfuerzo
La estética de "club underground" de Berghain es potente, pero también muy específica. Ese ambiente oscuro, repetitivo y casi mecánico puede alejar a quienes buscan una escucha más emocional o narrativa.
En la música clásica, incluso la más moderna, suele existir un hilo conductor interpretativo; en este single, no siempre está claro.
El resultado puede sentirse algo hermético, como ciertas obras electroacústicas demasiado centradas en la textura.
3. Riesgo de que la referencia cultural eclipse lo musical
El título Berghain remite al mítico club berlinés conocido por su radicalidad musical y estética. Ese peso cultural es tan grande que puede condicionar la recepción del tema.
En la música clásica esto también ocurre: obras como el "Bolero" de Ravel o la cantata escénica de Orff, Carmina Burana arrastran clichés que a veces impiden una escucha limpia.
Aquí Rosalía juega con fuego: la estética puede acabar devorando la sustancia.
¿Qué aporta Berghain al diálogo entre música urbana y clásica?
Lo más interesante del nuevo hit es que deja claro que la frontera entre géneros es cada vez más fina.
Berghain podría entrar en conversación con la música minimalista por su enfoque repetitivo, con la música espectral por su tratamiento del color sonoro o con la música electrónica académica por su excelente manipulación de la voz.
Rosalía continúa la línea de otros artistas actuales (James Blake, Arca, Björk) cuyo lenguaje, aunque mainstream, bebe de proyectos estéticos normalmente asociados a la música culta.
Conclusión: un single imperfecto si se rige por lo "clásico", pero valiente
Berghain no es una canción diseñada para gustar a todos. No pretende serlo. A veces roza lo excesivamente conceptual; otras veces brilla como un experimento pop con raíces clásicas.
¿Lo mejor? Su capacidad para generar debate y para colarse —aunque sea por la puerta de atrás— en una conversación estética que históricamente ha sido dominio de la música clásica y la vanguardia.
¿Lo peor? Su falta de desarrollo melódico y una producción que puede resultar críptica para quien no esté en sintonía con la estética club.
Pero una cosa está clara: Rosalía sigue ampliando el mapa de lo que puede ser la música popular y marca el paso a cientos de artistas anclados en lo que se espera de ellos. Y en Berghain lo hace dialogando, consciente o no, con ideas que llevan décadas explorándose en las salas de conciertos.
, y especialmente Berghain han vuelto a dirigir la conversación musical mundial.
ambicioso proyecto de 18 pistas grabadas con la London Symphony Orchestra bajo la batuta de Daníel Bjarnason.
Como ya es habitual en la artista, el tema mezcla electrónica, ritmos urbanos y una producción afilada, todo ello bajo una pátina de espiritualidad inspirada en el misticismo.
Esta propuesta, como sería de esperar, divide opiniones… pero no deja indiferente a nadie.
En este post te cuento lo mejor y lo peor del single, y sobre todo cómo conecta —sí, conecta— con ideas, procedimientos y sensibilidades de la música clásica.
Berghain es un laboratorio sonoro digno de cualquier compositor vanguardista
Y lo es por varias razones que aquí te cuento.
1. Su estructura no es nada convencional
Aunque Berghain es ostensiblemente un tema pop-electrónico, su forma es sorprendentemente poco tradicional y, por ende, no esperada.
El tema no sigue la típica lógica “estrofa–estribillo–puente”, sino que se construye como un crescendo emocional y rítmico al que da muchísima fuerza la puesta en escena del vídeo musical que la acompaña. Y el recurso al alemán (Seine Angst ist meine Angst), español e inglés.
Este tipo de diseño recuerda a autores como el húngaro György Ligeti (1923-2006), con estructuras en oleadas sonoras o al norteamericaco Steve Reich (n. 1936) pionero del minimalismo. Ambos trabajan desde la repetición hacia la transformación.
También recuerda la idea de “masa sonora” propia del griego Iannis Xenakis (1922-2001), pionero de la música electrónica y creador de la música estocástica, donde importa más la textura que la melodía.
Rosalía aquí juega con la arquitectura musical, algo poco habitual en el pop comercial, pero muy cercano a la tradición experimental clásica del siglo XX.
2. Uso del ritmo como protagonista: pulsación casi “stravinskiana”
En Berghain manda el ritmo sobre la melodía: una tendencia compartida con gran parte de la música contemporánea… y con no pocos compositores clásicos.
Las síncopas, desplazamientos acentuales y la insistencia percusiva recuerdan al Stravinsky de "La consagración de la primavera", donde el ritmo es un motor casi tribal.
3. El tratamiento de la voz: virtuosismo desde la producción
A lo largo del tema, la voz de Rosalía aparece fragmentada, susurrada, distorsionada. Es casi un instrumento más, como hacía Luciano Berio (1925-2003) en su célebre Sequenza III, donde la voz femenina explora identidades sonoras, no solo melodías.
Este enfoque, en el que lo vocal se desliga del simple canto, tiene raíces profundas en la vanguardia vocal clásica. En Berghain, Rosalía lo actualiza dentro del contexto electrónico.
Lo mejorable de Berghain
Qué duda cabe que una apuesta tan fuera de lo comercial tiene sus riesgos. El nuevo disco de la cantante española, a mi modo de ver, tiene algunas fisuras sobre todo por intentar medirse con lo mejor de la música clásica.
1. La falta de desarrollo melódico puede dejar frío a quien busque “música-música”
A diferencia de las obras maestras clásicas donde la repetición sirve para desarrollar un material (como en Philip Glass), aquí la repetición es más estética que discursiva.
En algunos momentos puede percibirse falta de evolución temática, lo que para un oído clásico —acostumbrado a motivos, variaciones y diálogo entre secciones— resulta algo pobre.
2. Una producción tan conceptual que exige esfuerzo
La estética de "club underground" de Berghain es potente, pero también muy específica. Ese ambiente oscuro, repetitivo y casi mecánico puede alejar a quienes buscan una escucha más emocional o narrativa.
En la música clásica, incluso la más moderna, suele existir un hilo conductor interpretativo; en este single, no siempre está claro.
El resultado puede sentirse algo hermético, como ciertas obras electroacústicas demasiado centradas en la textura.
3. Riesgo de que la referencia cultural eclipse lo musical
El título Berghain remite al mítico club berlinés conocido por su radicalidad musical y estética. Ese peso cultural es tan grande que puede condicionar la recepción del tema.
En la música clásica esto también ocurre: obras como el "Bolero" de Ravel o la cantata escénica de Orff, Carmina Burana arrastran clichés que a veces impiden una escucha limpia.
Aquí Rosalía juega con fuego: la estética puede acabar devorando la sustancia.
¿Qué aporta Berghain al diálogo entre música urbana y clásica?
Lo más interesante del nuevo hit es que deja claro que la frontera entre géneros es cada vez más fina.
Berghain podría entrar en conversación con la música minimalista por su enfoque repetitivo, con la música espectral por su tratamiento del color sonoro o con la música electrónica académica por su excelente manipulación de la voz.
Rosalía continúa la línea de otros artistas actuales (James Blake, Arca, Björk) cuyo lenguaje, aunque mainstream, bebe de proyectos estéticos normalmente asociados a la música culta.
Conclusión: un single imperfecto si se rige por lo "clásico", pero valiente
Berghain no es una canción diseñada para gustar a todos. No pretende serlo. A veces roza lo excesivamente conceptual; otras veces brilla como un experimento pop con raíces clásicas.
¿Lo mejor? Su capacidad para generar debate y para colarse —aunque sea por la puerta de atrás— en una conversación estética que históricamente ha sido dominio de la música clásica y la vanguardia.
¿Lo peor? Su falta de desarrollo melódico y una producción que puede resultar críptica para quien no esté en sintonía con la estética club.
Pero una cosa está clara: Rosalía sigue ampliando el mapa de lo que puede ser la música popular y marca el paso a cientos de artistas anclados en lo que se espera de ellos. Y en Berghain lo hace dialogando, consciente o no, con ideas que llevan décadas explorándose en las salas de conciertos.